miércoles, 13 de mayo de 2015

Identidad de los seres - fragmento - de Chuang Tzu

1 - Tzu-Ch'i, de la barriada del Sur, estaba sentado en su diván. Suspiraba mirando al cielo. Estaba en éxtasis, como si (espíritu) hubiera perdido al compañero (al cuerpo). Yen Ch'eng Tzu Yu, que estaba a su lado y le servía como discípulo, le pregunta:
¿Dónde estaba su merced? ¿Cómo puede quedar así un cuerpo como tronco seco y cómo puede el corazón quedar así como cal muerta? El que ahora está recostado en ese diván no es el mismo que el de hace un momento. Tzu-Ch'i le dijo: Yen, no haces bien en preguntármelo. En este momento he perdido mi yo, ¿lo sabes? Puede ser que tú hayas oído las músicas de los organillos de los hombres, pero no la de los organillos de la tierra. Tal vez hayas también oído la de los órganos de la tierra, pero no la de los órganos del cielo.
Tzu Yu le dice: Por favor, ¿cómo es eso? Tzu Ch'i le contesta: El hipo de la Gran Masa se llama viento. De ordinario no sopla. Cuando sopla, todas las oquedades braman desaforadamente. ¿Sólo tú no has oído nunca su zumbido y no has visto cómo sacude los bosques de las colinas? Las oquedades de los troncos de corpulentos árboles de cien brazadas de circunferencia se parecen a narices, bocas, orejas, capiteles, cercos, morteros, hoyos y hondonadas. Los sonidos que emiten son murmullos de cascadas, silbidos, susurros, clamores, suspiros, mugidos, estruendo de profundos barrancos. Entonan éstos y responden aquéllos. Es sinfonía callada de murmullos de mansas brisas; es el grandioso concierto de vientos huracanados. Cesado el vendaval, todas las oquedades quedan vacías, sin sonido.
¿Sólo tú no has visto ser mecidos suavemente o sacudidos violentamente?

2 - Tzu Yu repuso: La música terrestre es la de la multitud de esas oquedades; la música humana es la de los organillos de bambú. Quisiera preguntarle por la música del organillo celeste.
 Tzu Ch'i contesta: Con el soplo todas las cosas se discriminan, haciéndose cada uno lo que es con el ser que ha tomado. Pero ¿qué es lo que a ello les impulsa?
 La gran sabiduría es amplitud. La sabiduría pequeña es discriminación. Las grandes doctrinas son fuego que todo lo devora. Las pequeñas son tiquismiquis de distinciones. Así, lo que en el sueño el espíritu asocia y mezcla, en la vigilia el cuerpo separa y distingue. Al entablar contacto (con las cosas) se traba el corazón con ellas, originándose en él lucha diaria. Tan pronto se ensancha como se sume en las honduras y se encierra obstinadamente. Son pequeñas inquietudes que le acucian o son grandes temores que le paralizan totalmente. Brotan como disparadas por resorte de ballesta. Quien las dispara son las distinciones del es y del no es (verdadero y falso, bueno y malo). Las guardamos con la misma fidelidad con que se guarda un pacto. Guardarlo, decimos ser victoria nuestra. Así se va marchitando (nuestro espíritu), muriendo como muere la naturaleza a la llegada del otoño e invierno; es decir, día por día. Una vez hundidos y anegados, ya no hay posibilidad de emerger de nuevo. Hundiéndonos más en ellas a medida que la vejez avanza. Nada podrá volver a la luz un corazón recién muerto.
La alegría y la ira, la tristeza y el gozo, las preocupaciones y los lamentos están en mudanza continua o pertinaz persistencia. Van brotando con liviana lujuria y profusa prodigalidad, como sonidos que nacen en el vacío y hongos que cría la humedad. Alternan día y noche ante nosotros y desconocemos dónde brotan. ¡Basta ya, basta ya! ¿Podremos tal vez descubrir, de la mañana a la noche, el origen de dónde nacen? No existe mi yo sin que exista aquel otro. Y sin un yo no hay quien los asuma. Está, pues, muy cerca de mí la causa y todavía ignoro el causante. Si tienen señor verdadero que los gobierna, no se descubre su semblanza. El que pueda obrar y actuar basta para creer que existe, pero no es posible ver su figura.
Tiene realidad, pero no tiene figura.

 Chuang Tzu

La traducción y las notas corresponden al doctor en teología y filosofía, Carmelo Elorduy.

Aclaraciones útiles sobre algunas expresiones:

 - Identidad de los seres:
  Todas las cosas son igualmente buenas. Como decía Heráclito, "todas las cosas en la divinidad
  (mundo) son bellas, buenas y justas. Son los hombres quienes las estiman unas justas y otras
  injustas".

 - La gran masa:
  Es la naturaleza y el universo. El viento es su respiración o su hipo. Los griegos creían también
  que el mundo era un animal viviente, animado por el Alma Universal. Anaximandro y Anaxímenes
  hablan de su respiración.

 - Quien las dispara son las distinciones del es y del no es:
  Lo mismo dicen los estoicos: "No son las cosas las que turban al hombre, sino las opiniones que
  tenemos sobre las cosas".