martes, 4 de noviembre de 2014

La práctica de estar Aquí Mismo

La práctica de estar Aquí Mismo, estar completamente presentes, sentir el corazón y darle la bienvenida al siguiente momento con la mente abierta puede hacerse en cualquier momento:
Al levantarnos por la mañana, antes de una conversación difícil, siempre que surja el miedo o la incomodidad.

Esta práctica es una forma maravillosa de reivindicar nuestra naturaleza de guerreros espirituales. En otras palabras, es una forma de sacar nuestro coraje, nuestra amabilidad y nuestra fuerza. Siempre que te apetazca puedes hacer una breve pausa y entrar en contacto con cómo te estás sintiendo a nivel físico y mental y después conectar con tu corazón (incluso puedes ponerte la mano sobre el corazón si quieres). Es una forma de extender la calidez y la aceptación a lo que sea que te está ocurriendo en ese momento.
... Lo que sea.
Puedes dejar que se quede ahí, justo como está, sin etiquetarlo como algo bueno o algo malo, sin decirte que deberías o no deberías sentirte así. Al conectar con lo que es, con amor y aceptación, puedes seguir adelante con curiosidad y coraje.
... Igual que ensayamos con el piano para cultivar nuestra habilidad musical o entrenamos en algún deporte para cultivar nuestra capacidad atlética, podemos practicar la meditación para alimentar la capacidad natural de nuestra mente de estar presente, de sentir bondad, de abrirnos más allá de las opiniones y los puntos de vista rígidos. La meditación que me enseñaron y que practico tiene tres partes principales: la postura, el objeto de la meditación y la forma en que nos relacionamos con los pensamientos.
... estar presentes, sentir el corazón y soltar los prejuicios.


Estos fragmentos pertenecen a la monja budista Pema Chödrön, discípula de Chögyam Trungpa Rinpoche y fueron pronunciados en Gampo Abbey, monasterio budista situado en Cape Breton, Nueva Escocia, Canadá en el año 2009 durante el retiro invernal que dura seis semanas.

 

sábado, 30 de agosto de 2014

Bhagavan Sri Ramana Maharshi

"Toman este cuerpo por el Bhagavan y le atribuyen sufrimiento. ¡Que pena! Están abatidos porque el 
Bhagavan va a dejarlos. Pero... ¿a dónde puede ir y cómo puede hacerlo?
Alma, mente y ego son meras palabras. No existen verdaderas entidades de esa clase. La consciencia es la única verdad. Olvidarnos de nuestra naturaleza auténtica es la muerte real; recordarlo, es el verdadero nacimiento.

Bhagavan Sri Ramana Maharshi

lunes, 21 de julio de 2014

Del Kaushitaki Upanishad (extracto)

Entonces dijo Indra:


     Yo soy el aliento de vida (prana) y yo soy la consciencia de vida Prajña-atman.
     Adórame y piensa en mí como vida e inmortalidad.
     El aliento de vida es uno:
     Cuando hablamos, la vida habla.
     Cuando vemos, la vida ve.
     Cuando oímos, la vida oye.
     Cuando pensamos, la vida piensa.
     Cuando respiramos, la vida respira.
     Y hay algo más grande que el aliento de vida.
     Pues se puede vivir sin habla: ahí están los mudos.
     Se puede vivir sin vista: ahí están los ciegos.
     Se puede vivir sin oído: ahí están los sordos.
     Se puede vivir sin una mente cuerda: ahí están los locos.
     Mas es la consciencia de vida la que se convierte en el aliento de vida y otorga vida a un cuerpo.
     El aliento de vida es la consciencia de vida y la consciencia de vida es el aliento de vida.

     Cuando la consciencia (prajña) controla el habla, con el habla podemos pronunciar todas las palabras.
     Cuando la consciencia controla la respiración, con una inspiración podemos oler todos los perfumes.
     Cuando la consciencia controla la vista, con los ojos podemos ver todas las formas.
     Cuando la consciencia controla el oído, con el oído podemos escuchar todos los sonidos.
     Cuando la consciencia controla la lengua, con la lengua podemos saborear todos los gustos.
     Cuando la consciencia controla la mente, con la mente podemos pensar todos los pensamientos.

     No es el habla lo que deberíamos querer conocer: deberíamos conocer al que habla.
     No son las cosas que se ven las que deberíamos querer conocer: deberíamos conocer al que ve.
     No son los sonidos los que deberíamos querer conocer: deberíamos conocer al que escucha.
     No es la mente la que deberíamos querer conocer: Deberíamos conocer al que piensa.


Nota: La versión de este extracto corresponde a Juan Mascaró.






    

    

viernes, 18 de julio de 2014

La puerta del templo -una historia Zen-

Había una vez un hombre rico, llamado Hei-zayemon, que se esforzaba por alcanzar en su vida las virtudes recomendadas por los antiguos sabios.
     Como hombre serio y estudioso, Hei-zayemon solía gastar con liberalidad parte de su riqueza en actos de benevolencia, de caridad y de ayuda a los pobres.
          Muchos niños de familias menesterosas eran rescatados gracias a su intervención, y personalmente financiaba la construcción de numerosos puentes y caminos en su provincia para beneficio de la gente.
Cuando murió, Hei-zayemon estipuló en su testamento que su legado fuera utilizado para continuar obras de beneficencia generación tras generación, lo cual fue cumplido por sus hijos y por sus nietos.
Se dice que un día apareció en la puerta de Hei-zayemon cierto monje budista. Parece que este religioso había oído hablar de la generosa y abundante magnanimidad de este hombre, inhabitual entre los ricos de aquella época, y había ido a pedirle dinero con el objeto de construir la puerta de un templo.
El filántropo se rió en la cara del monje y le dijo:
"Yo ayudo a la gente porque no puedo soportar verla sufrir. ¿Qué tiene de malo un templo sin puerta?

Autor desconocido.