lunes, 27 de julio de 2015

La verdadera renuncia

por Miguel Fochesatto.

Dijo una vez Trungpa Rimpoche: "La renuncia es darse cuenta de que sentir nostalgia por el samsara es una mierda"

Nuestro entendimiento, nuestra comprensión dependen en gran medida de nuestra actitud, de nuestra atención. Me pregunto: ¿Cómo me acerco a este escrito?, ¿en que estado me encuentro en este momento?, ¿me encuentro un poco más libre ante los diversos y casi infinitos hábitos que conforman mi vida, estoy libre de mis tan arraigados y preciados prejuicios? y que decir de los miedos, de nuestras ansiedades, de nuestra frenética búsqueda de falsas seguridades?, ¿hay un espacio disponible en mi para recibir un aire fresco, algo nuevo en mi vida? y de no ser así, puedo preparar un terreno fértil para generar ese espacio, para que suceda algo inesperado..., puedo crearlo? 
Éstas y cientos de preguntas uno puede hacerse. Mientras tanto, creo, que uno de los motivos que nos pueden llevar a que surjan muchas más preguntas, es tratando de no olvidar jamás, que uno es creado por las múltiples influencias que ha recibido a lo largo de la vida, influencias que hemos aceptado, rehusado o simplemente ignorado, influencias que consciente o inconscientemente, responsablemente libres o no, hemos dejado que nos conformen tal como somos en este momento. Honestamente, siento que es absolutamente necesario aprender a discernir, aprender a reconocer las influencias que pueden llegar a ser positivas o realmente dañinas y muy perjudiciales para nuestra vida en el presente o en el futuro. Pero como es sabido, para discernir lo verdadero de los falso, primero, se requiere un cierto interés, una cierta energía, una energía con una cierta calidad de atención. Porque si dejamos que nuestra atención divague en cualquier dirección terminamos estando perdidos, dispersos, regalando nuestra preciosa energía y nuestro tiempo en banalidades, en dejarnos seducir por un mundo que lo que menos le interesa es que nos conectemos con nuestra verdadera naturaleza, con nuestro verdadero ser esencial, nuestro origen, con permitirnos ser lo que en realidad somos. Uno puede entender y hasta comprender, que el poder hipnótico de la vida es enorme y quedarse ahí, conformándose, resignándose. Fácilmente nos acostumbramos a nuestros hábitos. Pero existe otra posibilidad, la posibilidad de poner de vez en cuando un palo en la rueda. Pararse y ver!!!.
Quizás nuestra atención sea el don más preciado que podamos tener, porque con el desarrollo de la atención es posible crear una grieta, una brecha que me permita darme cuenta, que me permita ver aunque sea por un instante que es lo que está ocurriendo dentro y fuera de mi mismo y así, quizás porque no?, me permita centrarme y brindarme la gran oportunidad de ser yo mismo. 
Esto que digo no es algo nuevo, seguramente lo han dicho de una u otra manera muchas personas, se ha dicho tantas veces..., que parece hasta obvio, conocido...pero justamente por este motivo, es injustificable, abominable y terrible!!! que nuestra actitud al respecto siga siendo la misma. Aceptamos que siga siendo así, nos dejamos arrastrar por nuestra pasividad, nos mantenemos estáticos, insensibles, desinteresados y esta horrible manera de ser, esta actitud indolente, apática y perezosa dejamos que se convierta en un espantoso hábito, que nos arrastra a vivir "vidas de prestado", a "vivir" vidas de antemano, se podría decir, ya desperdiciadas. Nos conformamos con esto: "vivir vidas de prestado",
Se escriben muchos libros, se escribe mucho sobre el "Despertar", "La búsqueda de la consciencia", el "Darse cuenta", "La iluminación", "La individualidad" etc.,etc..., y porque leímos bastante creemos saber, pero...hasta que punto existe en nosotros un trabajo intencional para generar un impulso, un compromiso real para la comprensión de estas ideas?, las llevamos a la práctica para comprobar, para constatar, una y otra vez en nosotros mismos si lo que se nos está diciendo tiene una realidad en mi?
Lamentablemente, a pesar de todo lo que escuchamos, de todo lo que leemos, y creemos asimilar, en nuestra vida cotidiana dejamos, la mayoría de las veces, que cualquiera entre en nuestra casa y dicte las normas de nuestra vida... y así perdemos, sin darnos cuenta, la posibilidad de ser nosotros mismos.
En definitiva creo, que todavía, no somos serios en nuestra búsqueda, si realmente queremos ser nosotros mismos, aquí y ahora, en este mismo instante, podemos intentar no sentir nostalgia por el samsara. Renunciar a este sentir, darme cuenta de que día a día alimento más y más este sentir, y que este hábito no ayuda a mi propósito, quizás... pueda ser un buen comienzo, un darme cuenta de que existe otra manera de vivir.
Que es la renuncia?: En una ocasión leí una explicación que dio Pema Cödrön en una de sus conferencias, y decía así: "La renuncia es darse cuenta de que nuestra nostalgia al desear vivir en un mundo protegido, limitado y bonito es insensata." y ... "que fundamentalmente es esto: aprender a dejar de aferrarse y de rechazar", ..."dejar de aferrarse a los pensamientos es como quitar una de esas rocas para que el agua pueda seguir fluyendo. Por miedo a lo desconocido no tenemos porqué soportar esas rocas, esos diques que básicamente no nos dejan vivir ni sentir la vida."

Miguel Fochesatto.










miércoles, 13 de mayo de 2015

Identidad de los seres - fragmento - de Chuang Tzu

1 - Tzu-Ch'i, de la barriada del Sur, estaba sentado en su diván. Suspiraba mirando al cielo. Estaba en éxtasis, como si (espíritu) hubiera perdido al compañero (al cuerpo). Yen Ch'eng Tzu Yu, que estaba a su lado y le servía como discípulo, le pregunta:
¿Dónde estaba su merced? ¿Cómo puede quedar así un cuerpo como tronco seco y cómo puede el corazón quedar así como cal muerta? El que ahora está recostado en ese diván no es el mismo que el de hace un momento. Tzu-Ch'i le dijo: Yen, no haces bien en preguntármelo. En este momento he perdido mi yo, ¿lo sabes? Puede ser que tú hayas oído las músicas de los organillos de los hombres, pero no la de los organillos de la tierra. Tal vez hayas también oído la de los órganos de la tierra, pero no la de los órganos del cielo.
Tzu Yu le dice: Por favor, ¿cómo es eso? Tzu Ch'i le contesta: El hipo de la Gran Masa se llama viento. De ordinario no sopla. Cuando sopla, todas las oquedades braman desaforadamente. ¿Sólo tú no has oído nunca su zumbido y no has visto cómo sacude los bosques de las colinas? Las oquedades de los troncos de corpulentos árboles de cien brazadas de circunferencia se parecen a narices, bocas, orejas, capiteles, cercos, morteros, hoyos y hondonadas. Los sonidos que emiten son murmullos de cascadas, silbidos, susurros, clamores, suspiros, mugidos, estruendo de profundos barrancos. Entonan éstos y responden aquéllos. Es sinfonía callada de murmullos de mansas brisas; es el grandioso concierto de vientos huracanados. Cesado el vendaval, todas las oquedades quedan vacías, sin sonido.
¿Sólo tú no has visto ser mecidos suavemente o sacudidos violentamente?

2 - Tzu Yu repuso: La música terrestre es la de la multitud de esas oquedades; la música humana es la de los organillos de bambú. Quisiera preguntarle por la música del organillo celeste.
 Tzu Ch'i contesta: Con el soplo todas las cosas se discriminan, haciéndose cada uno lo que es con el ser que ha tomado. Pero ¿qué es lo que a ello les impulsa?
 La gran sabiduría es amplitud. La sabiduría pequeña es discriminación. Las grandes doctrinas son fuego que todo lo devora. Las pequeñas son tiquismiquis de distinciones. Así, lo que en el sueño el espíritu asocia y mezcla, en la vigilia el cuerpo separa y distingue. Al entablar contacto (con las cosas) se traba el corazón con ellas, originándose en él lucha diaria. Tan pronto se ensancha como se sume en las honduras y se encierra obstinadamente. Son pequeñas inquietudes que le acucian o son grandes temores que le paralizan totalmente. Brotan como disparadas por resorte de ballesta. Quien las dispara son las distinciones del es y del no es (verdadero y falso, bueno y malo). Las guardamos con la misma fidelidad con que se guarda un pacto. Guardarlo, decimos ser victoria nuestra. Así se va marchitando (nuestro espíritu), muriendo como muere la naturaleza a la llegada del otoño e invierno; es decir, día por día. Una vez hundidos y anegados, ya no hay posibilidad de emerger de nuevo. Hundiéndonos más en ellas a medida que la vejez avanza. Nada podrá volver a la luz un corazón recién muerto.
La alegría y la ira, la tristeza y el gozo, las preocupaciones y los lamentos están en mudanza continua o pertinaz persistencia. Van brotando con liviana lujuria y profusa prodigalidad, como sonidos que nacen en el vacío y hongos que cría la humedad. Alternan día y noche ante nosotros y desconocemos dónde brotan. ¡Basta ya, basta ya! ¿Podremos tal vez descubrir, de la mañana a la noche, el origen de dónde nacen? No existe mi yo sin que exista aquel otro. Y sin un yo no hay quien los asuma. Está, pues, muy cerca de mí la causa y todavía ignoro el causante. Si tienen señor verdadero que los gobierna, no se descubre su semblanza. El que pueda obrar y actuar basta para creer que existe, pero no es posible ver su figura.
Tiene realidad, pero no tiene figura.

 Chuang Tzu

La traducción y las notas corresponden al doctor en teología y filosofía, Carmelo Elorduy.

Aclaraciones útiles sobre algunas expresiones:

 - Identidad de los seres:
  Todas las cosas son igualmente buenas. Como decía Heráclito, "todas las cosas en la divinidad
  (mundo) son bellas, buenas y justas. Son los hombres quienes las estiman unas justas y otras
  injustas".

 - La gran masa:
  Es la naturaleza y el universo. El viento es su respiración o su hipo. Los griegos creían también
  que el mundo era un animal viviente, animado por el Alma Universal. Anaximandro y Anaxímenes
  hablan de su respiración.

 - Quien las dispara son las distinciones del es y del no es:
  Lo mismo dicen los estoicos: "No son las cosas las que turban al hombre, sino las opiniones que
  tenemos sobre las cosas".


miércoles, 1 de abril de 2015

El principio de la inteligencia


Un interlocutor le pregunta a Krishnamurti: La inteligencia, ¿forma el carácter?
Krishnamurti:

Qué entendemos por “carácter”?  ¿Y qué entendemos por “inteligencia”? Todos los políticos –ya sean de la variedad de Delhi o el voceador local de ustedes- continuamente usan palabras tales como “carácter”, “ideal”, “inteligencia”, “religión”, “Dios”, Escuchamos estas palabras con atención absorta porque parecen muy importantes. La mayoría de nosotros vive de palabras; y cuanto más elaboradas y exquisitas son las palabras, más satisfechos nos sentimos. Averigüemos, pues, qué es lo que entendemos por  “inteligencia” y que entendemos por “carácter”. No digan que no contesto de una manera definida. Buscar definiciones, conclusiones, es uno de los trucos de la mente y significa que no quieren investigar y comprender, que sólo quieren seguir las palabras.
¿Qué es la inteligencia? Si un hombre está atemorizado, ansioso, si siente envidia, codicia, si su mente copia, imita y está repleta con el conocimiento y las experiencias de otras personas, si su pensar se halla limitado y moldeado por la sociedad, por el miedo, ¿es inteligente un hombre así? No lo es, ¿verdad? ¿Y puede tener carácter un hombre temeroso, no inteligente? – siendo  el carácter algo original, no la mera repetición de los tradicionales debes y no debes-. ¿Es carácter la respetabilidad?

¿Entienden lo que significa esa palabra “respetabilidad”?
Uno es respetable cuando es estimado, respetado por la mayoría de las personas que lo rodean. ¿Y qué es lo que la mayoría de las personas respetan, qué respetan las personas de la familia, las personas de la masa? Respetan las cosas que ellas mismas desean y que han protegido como  una meta, como un ideal; respetan aquello que presumen en contraste con su propio estado inferior.
Si uno es rico y poderoso o tiene o tiene gran renombre político o ha escrito libros de éxito, es respetado por la mayoría. Lo que uno dice puede ser un completo disparate, pero cuando habla, la gente lo escucha porque lo considera un gran hombre. Y cuando de esa manera te has ganado el respeto de los muchos, el seguimiento de la multitud, eso te da un sentido de respetabilidad, un sentimiento de que has llegado. Pero el así llamado pecador está más cerca de Dios que el hombre respetable, porque el hombre respetable está investido de hipocresía.
¿Es el carácter el resultado de la imitación, de ser controlado por el miedo a lo que la gente dirá o no dirá? ¿Es el mero fortalecimiento de nuestras propias tendencias, de nuestros propios prejuicios? ¿Es el sostenimiento de la tradición, ya sea de la India, de Europa o de América? Eso es lo que generalmente se llama tener carácter: ser una persona fuerte que sostiene la tradición local y así es respetada por los muchos. Pero cuando uno prejuzga, imita, cuando está atado por la tradición, cuando tiene miedo, ¿hay inteligencia, hay carácter? Imitar, seguir, rendir culto, tener ideales… ese camino conduce a la respetabilidad, pero no a la comprensión. Un hombre de ideales es respetable, pero jamás estará cerca de Dios, jamás sabrá lo que es el amor, porque sus ideales son un medio para ocultar su temor, su imitación, su sentimiento de soledad.

Por lo tanto, sin comprendernos a nosotros mismos, sin darnos cuenta de todo lo que está operando en nuestra propia mente: cómo pensamos, si estamos imitando, copiando, si tenemos miedo, si estamos buscando el poder, no puede haber inteligencia. Y la que crea el carácter es la inteligencia, no el culto al héroe o la persecución de un ideal. La comprensión de nosotros mismos, de nuestro propio y extraordinariamente complicado yo, es el principio de la inteligencia, la cual revela el carácter.

J. Krishnamurti