miércoles, 16 de mayo de 2012

Sobre la meditación. . .

. . . la meditación es nuestra verdadera naturaleza. No existe ninguna técnica  especial que sea capaz de revelarnos nuestra verdadera naturaleza en tanto nuestro falso "Yo" sea la fuerza motriz de nuestras acciones cotidianas.
El buscador de la realidad debe moldear su comportamiento tomando como ejemplo a quien considera su guia, no como un hipócrita que tan sólo finge, sino con el propósito de captar su actitud interior. Nuestra forma actual de comportamiento es el resultado del egocentrismo de toda una vida, que ha penetrado en todos nuestros sentimientos, en nuestras ideas y nuestra forma de actuar, en lo que llamamos la mente.
Para librarnos de ese egocentrismo no basta con que nos sentemos a meditar todos los días durante algún tiempo. . .
. . .la mente-ego se ha dado cuenta, por así decirlo, que insistimos en estar tranquilos y entonces se somete a ser "el meditador". . . durante algún tiempo. Porque sabe muy bien que cuando el tiempo habitual de la meditación haya transcurrido, otra vez  estará libre para vagar como de costumbre.

SI NO NOS DECIDIMOS A ATACAR AL MORTAL ENEMIGO A CADA INSTANTE Y EN TODA OPORTUNIDAD DE NUESTRA VIDA DIARIA, JAMÁS NOS LIBRAREMOS DE ESTE FANTASMA AL QUE INCONCIENTEMENTE HEMOS CONSENTIDO DURANTE TANTO TIEMPO.

RAMANA MAHARSHI

Fragmento de una de las proposiciones de Meister Eckhart en donde intenta consolar justamente a un hombre razonable en su sufrimiento

"La vida eterna es conocer a Dios". Este es el motivo por el cual los maestros dicen que los bienaventurados en el reino de los cielos conocen a las criaturas despojadas de todas sus imágenes de criaturas, y que las conocen en la única imagen que es Dios, en la cual Dios se conoce, se quiere y se ama a sí mismo así como a todas las cosas. Es lo que Dios mismo nos enseña a pedir y a desear cuando decimos: "Padre nuestro, santificado sea tu nombre", es decir que te conozca sólo a ti, "que venga tu reino", con el fin de que yo nada tenga que considere como rico, y que no conozca otra cosa que tú, el Rico. Esta es la razón por la que el Evangelio dice: "Bienaventurados los pobres de espíritu", es decir los pobres de voluntad, y le pedimos a Dios que "su" voluntad se haga "sobre la tierra", es decir en nosotros, "como en el cielo", es decir en Dios mismo. El hombre que se halla en esta disposición está de tal modo unido a la voluntad de Dios que quiere todo lo que Dios quiere y de la manera como Dios lo quiere. Y queriendo Dios en cierta manera que yo haya cometido pecados, yo no debo querer no haberlos cometido, pues así es como la voluntad de Dios se hace "sobre la tierra", es decir mediante las faltas, "como en el cielo", es decir mediante el bien realizado. Del mismo modo el hombre quiere verse privado de Dios por Dios, verse separado de Dios por Dios, y en esto consiste solamente el justo arrepentimiento de mis errores.
Así, lamento  mi pecado sin sufrir por él, del mismo modo que Dios lamenta todo el mal sin sufrir por él. Sufro,  experimento el mayor sufrimiento a causa del pecado (pues por nada de lo que ha sido creado o pueda ser creado, aún si hubiese mil universos en la eternidad, yo querría cometer un pecado), mas sufro sin sufrir, tomo y recojo los sufrimientos en y por la voluntad de Dios.
Sólo un sufrimiento tal es un sufrimiento perfecto, porque emana y procede del amor puro, de la bondad, y la dicha más pura de Dios.
De este modo es cierto, y así debe entendérselo, lo que digo en este breve libro, a saber:
que el hombre bueno, en la medida en que es bueno, penetra en todo el ser propio de la Bondad misma que Dios es en sí mismo.

Meister Eckhart

viernes, 4 de mayo de 2012

Cuando me vaya...

Cuando me vaya, sea ésta mi palabra última:
que lo que he visto no puede ser mejor.
Gusté la miel oculta de este loto que se abre
en el océano de la luz, y así fui bendito.
Sea esta mi última palabra.

He jugado en esta casa de juguetes de formas
infinitas: y vislumbré, jugando, a aquel que no
tiene forma.
Mi cuerpo entero ha vibrado al contacto de
aquel que es intangible. Si aquí debe ser el fin,
sea.
Esta es mi última palabra.


Tagore


Sé que vendrá un día en que no veré más esta tierra

Sé que vendrá un día en que no veré más esta tierra. La vida se despedirá de mí en silencio, y me echará la última cortina sobre los ojos.
Pero las estrellas velarán por la noche, y se alzará la mañana como antes, y las horas se henchirán, como las olas de la mar, lenvantando dolores y placeres.
Cuando pienso en esté último momento, se cae al valle de los instantes, y veo, a la luz de la muerte, tu mundo, con sus tesoros indolentes. Inapreciable es el más pobre de tus asientos, inapreciable la más pequeña de sus vidas.
¡Váyanse enhorabuena las cosas que anhelé en vano, las cosas que fueron mías; y que sólo posea yo de veras lo que nunca quisieron ver mis ojos, lo que siempre desprecié!

Rabindranath Tagore