martes, 25 de marzo de 2014

Poema de Basavanna

El dueño de la casa
             ¿está o no está en casa?

La yerba ha crecido en el umbral,
la casa está llena de mugre.

El dueño de la casa
            ¿está o no está en casa?

El cuerpo lleno de mentiras,
la mente llena de deseos.

El dueño de la casa,
Señor de la Confluencia,
no está en casa.



Este poema es creación de Basavanna  llamado también Basaveshwara. Como nos comenta Prabhu Shankara en una nota biográfica sobre el poeta, Basavanna fue el jefe de una nueva religión que llamó Virashaivismo. Atrajo a multitudes cansadas de la religión védica, incapaz de separarse de las diferencias ilógicas y humillantes que existían entre las castas. Con su religión se podía vivir una libertad y una dignidad que pocas veces se había visto en la India, como por ejemplo, la que se había vivido brevemente en la época del Buda.
M.F.

miércoles, 29 de enero de 2014

La experiencia Zen





Renuncia a las frases hechas y a las opiniones intelectuales ...que se clavan en tu piel y se adhieren a
 tu carne. Vacía tu mente de todo pensamiento y manténla en silencio. Sólo así alcanzarás plenamente
la experiencia Zen.

Oh Bhikkhus!


 
ASI, OH BHIKKHUS, LA FALSA IMAGINACIÓN TE ENSEÑA QUE COSAS TALES COMO LA LUZ Y LA SOMBRA, EL LARGO Y EL ALTO, LO BLANCO Y LO NEGRO SON DIFERENTES Y TIENEN QUE SER DISCRIMINADAS; PERO ELLAS NO SON INDEPENDIENTES UNA DE LA OTRA; ELLAS SON ASPECTOS DIFERENTES DE LA MISMA COSA, ELLOS SON CONCEPTOS DE RELACIÓN, NO LA REALIDAD.

BUDDHA

domingo, 26 de enero de 2014

Una mirada limpia

por Miguel Fochesatto

Todo debe ser observado bajo la lupa de nuestra consciencia. Mirar desde afuera, dejar de lado todo nuestro condicionamiento.

Todo, absolutamente todo tiene que ser cuestionado. Es muy importante verse a uno mismo de la misma manera como miramos a un extraño, como observaríamos a alguien desde la vereda de enfrente, pero ese mirar debe ser a través de unas lentes transparentes, absolutamente limpias. Si miramos desde nuestros prejuicios, desde nuestro pequeño Yo, desde nuestro conocimiento, desde las impresiones ya instaladas producto de mi primera educación, de mis miedos, de mi temor, mi egoísmo, mi vanidad, etc. volvemos a ver una serpiente donde en realidad hay una cuerda, nuestro ver se ha distorsionado. Penetrar en nuestro interior, descender hasta lo más profundo de nosotros mismos, es una tarea ardua, porque nos vamos a encontrar con topes, con muros que se levantan ante nosotros, que entorpecerán nuestro trabajo, topes que son los encargados de limitar nuestra visión, poniendo un velo sobre nuestros ojos interiores. No dejarse agobiar por lo que uno ve, es de fundamental importancia, nunca hay que dejarse perturbar por nada. Es necesario intentar dar un salto cualitativo, esperar pacientemente una mirada desde arriba, un esperar sin desear nada, una mirada que no nos pertenece, que está siempre fuera de nuestra cabeza, fuera de nuestro limitado yo. Para poder vernos como realmente somos no es necesaria nuestra intervención. Solamente con la práctica constante, ininterrumpida, haciendo el trabajo de un buen jardinero, trabajando esta tierra que está a nuestro cuidado, dándole desinteresadamente lo que necesita, esto es quizás, cuanto uno pueda hacer para que pueda ocurrir un milagro, el milagro de la nueva vida. Cuando uno llega a verse sin criticarse, sin culparse, sin aprobarse, se produce un hecho extraordinario, y se produce un gran alivio, la carga es depositada al costado del camino, ya no es necesaria. Nos liberamos de todos los actos realizados porque comprendemos que fueron llevados a cabo bajo la tremenda influencia de nuestro condicionamiento, un condicionamiento tal que, literalmente, apenas si nos permite participar de una vida propia. El pasado no puede modificarse, ya está hecho. En su momento actuamos como mejor podíamos con la comprensión que teníamos de las circunstancias. Si uno se anima a soltar, aquí, ahora, aunque sea por un instante, todo el condicionamiento adherido, todos los hábitos, tendencias, opiniones que conforman el falso Yo, quizás afortunadamente, pueda vivenciar otra dimensión, la dimensión de la verticalidad, la del silencio.
El gran obstáculo es nuestro Yo.

Miguel Fochesatto