lunes, 14 de febrero de 2011

La verdadera revolución

No crea que la meditación es una prolongación y una expansión de la experiencia. En la experiencia está siempre  el testigo, y él se halla atado al pasado en todo momento. La meditación, en cambio, implica una completa inacción que es el final de toda experiencia. La acción de la experiencia tiene sus raíces en el pasado, y, por lo tanto, está ligada al tiempo; conduce a la acción, que es inacción, y trae desorden. La meditación es la total inacción que procede de una mente que ve lo que es, sin implicaciones con el pasado. Esta acción no es una respuesta a algún reto, sino la acción del reto mismo, en la cual no hay dualidad. La meditación consiste en vaciar de experiencia la mente y prosigue todo el tiempo, consciente o inconscientemente, de modo que no es una acción limitada a cierto período durante el día.
Es una acción continua desde la mañana a la noche -la observación sin observador. Por lo tanto no hay división entre la vida  diaria y la meditación, entre la vida religiosa y la secular. La división surge sólo cuando el observador está atado al tiempo. En esta división hay desorden, desdicha y confusión, que es el estado actual de la sociedad.
La meditación, pues, no es individualista, ni es social; trasciende  ambos estados y , por tanto, los incluye. Esto es amor: el florecimiento del amor es meditación.

Krishnamurti